Tommy Tang y Christopher King, Papabubble

Todo comenzó en Australia, país natal de sus fundadores. Allí dos jóvenes diseñadores industriales decidieron abrir una tienda donde se fabricaba caramelos siguiendo una receta tradicional australiana. En poco tiempo, se pasó a un total de 5 tiendas en Australia, 3 de las cuales eran franquicias.

En el 2003 decidieron abrir una nueva tienda en Barcelona y orientar su negocio a ofrecer un nuevo concepto de caramelos: caramelos artesanales con formas de escultura, de joyas, de arte, etc., y también ofrecieron la posibilidad de personalizar pedidos para empresas, bodas y todo tipo de eventos, todo ello sin perder su carácter auténtico y artesano.

Desde sus inicios, la tienda de Barcelona se consideró como el punto de lanzamiento para su marca y una clave para la internacionalización de su empresa.  En los primeros 12 meses, esta estrategia había asegurado que una empresa japonesa comprase los derechos de Franquicia, algo fundamental para asentar su marca, ya que Tokio es reconocida mundialmente como ciudad de tendencias. Así se fue abriendo puertas para otras franquicias, como la de Amsterdam, Nueva York, etc.

 El objetivo de Papabubble no es hacer grandes producciones de caramelos, sino convertir cada caramelo  en una pieza única, diferente al resto. Uno de los aspectos característicos de la tienda de Papabubble es que 6 veces al día fabrican los caramelos delante de los clientes.

Por otro lado, otra de las claves de su éxito se encuentra en el fomento de la innovación y la creatividad, creando continuamente nuevos productos, sabores, etc. Además, el trabajo con grandes empresas como LEVI’S les ha otorgado un reconocimiento internacional, sin perder un ápice de su carácter artesanal y de barrio que tienen todas y cada una de sus tiendas.